En México, la tradición del comercio callejero se remonta a la época prehispánica. Hay evidencias de un gran mercado que funcionaba en el rumbo de Tlatelolco ya en el siglo XIV, del que años después Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo harían detallada y asombrada descripción. Mercados más pequeños pero no menos importantes funcionaban en diversos puntos de la ciudad; llamados tianquiztli por los aborígenes, serán el germen de los actuales “tianguis”; mercados ambulantes que se establecen uno o dos días a la semana en diversos puntos de la ciudad. Estos tianguis, en crecimiento constante, funcionan en una línea de difícil trazado entre lo formal y lo informal.

Con las continuas crisis económicas que enfrenta el país y el acelerado decrecimiento en la generación de empleos, el llamado “comercio informal” se ha convertido en un fenómeno de dimensiones extraordinarias.
Para el año 2003, en México, había más de tres millones de personas ocupadas en el comercio informal y la tasa de crecimiento era del 10% anual por lo que podría suponerse que a estas fechas el número de puestos ambulantes podría superar el de los establecimientos formales de comercio. Estos puestos ambulantes son parte del paisaje urbano cotidiano y de una realidad económica.

Cada dibujo que Máximo realiza corresponde a una forma de comercio diferente, en la cual se representa el instrumento que sirve como lugar de exhibición y venta pero no el producto que se vende; éste se indica al pie del dibujo, en palabras, junto con el lugar en que se retrató el changarro. Los dibujos originales fueron realizados a mano alzada, frente al changarro retratado.











Colección: Martina Santillán (Mexico DF)


Colección: Ricardo Ampudia (Mexico DF)